¿Hasta qué punto estamos enganchados al trabajo?

El trabajo, tal y como lo entendemos, no es más que un fin para alcanzar un objetivo: prestando nuestros servicios para el desempeño de una labor obtenemos unos beneficios, normalmente económicos.

Pero visto más en profundidad un trabajo puede ser más cosas. Además de un medio para obtener una cantidad económica que nos permita mantener un nivel de vida mayor o menor, puede ser (o mejor dicho, debe ser) una meta personal que nos aporte valor como personas y que nos haga sentir útiles a la sociedad.

Indudáblemente la inmensa parte de la sociedad trabaja para mantener sus necesidades económicas, la segunda puede es un factor que cada individuo lo valorará más o menos. De hecho a muchas personas que han sido agraciadas con un premio de lotería lo suficientemente importante como para dejar de trabajar, lo han hecho sin cuestionarse su “utilidad para con la sociedad”.

Pero lo que realmente nos interesa en este artículo y profundizar un poco en lo que puede llegar a “enganchar” el trabajo a las personas.

Se trata sin duda de un tema muy interesante. Los trabajos mecánicos y repetitivos propios de una cadena de producción producen sobre el individuo una actitud de monotonía y aburrimiento que, por el tiempo, produce una baja productividad. De ahí que importantes fabricantes de automóvil roten estos puestos entre sus empleados para que no siempre realicen la misma función. El enganche a estos trabajos es mínimo.

Cuando hablamos de un trabajo con competencias en las que debemos tomar decisiones, actuar de moderador o alcanzar objetivos la cosa cambia. Entran en escena factores de los que difícilmente podremos desconectar. Nuestra mente no es capaz de “fichar”, de actuar en modo trabajo o en modo personal. Los problemas del trabajo nos los llevamos a casa y los problemas de casa nos los llevamos al trabajo.

Entonces ¿Hasta que punto estamos enganchados al trabajo? La respuesta a esta pregunta es sencilla y un tanto desmoralizadora: hoy en día mucho, hasta el punto de no saber diferenciar o desconectar lo laboral de lo personal.

Según el artículo del economista.es “el trabajo es una droga que tiene enganchados al 8% de los trabajadores españoles” y según el mismo artículo “es más frecuente entre trabajadores de entre 35 y 55 años” y afecta más a hombres que a mujeres.

Las nuevas tecnologías, redes sociales, Internet, etc hacen más fácil el control de los superiores, el contacto inmediato con clientes, la presión sobre objetivos y sobre todo el temor a la perdida del puesto de trabajo.

En cualquiera de los casos debemos saber, tal y como indica el artículo del economista.es que “trabajar muchas horas no es sinónimo de adicción al trabajo”.

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